Pensar el futuro de las clínicas veterinarias
Reflexiones tras una conversación necesaria en Iberzoo Propet sobre hacia dónde se dirige la profesión
Ayer, en Iberzoo Propet, se celebró una mesa redonda muy interesante sobre el futuro de las clínicas veterinarias. Fue una conversación abierta, en algunos momentos incómoda, y precisamente por eso necesaria. Porque el sector veterinario lleva tiempo creciendo, evolucionando y profesionalizándose, pero al mismo tiempo empiezan a aparecer preguntas que ya no resulta fácil ignorar.
Por un lado, las clínicas trabajan más que nunca. La medicina veterinaria es cada vez más avanzada, la demanda asistencial sigue creciendo y el papel de las mascotas en la sociedad es cada vez más importante.
Pero al mismo tiempo empiezan a repetirse algunas señales que invitan a la reflexión.
Cada vez cuesta más encontrar veterinarios para cubrir puestos en muchas clínicas. No es raro ver centros buscando profesionales durante meses. Y, al mismo tiempo, cada vez se habla más de veterinarios jóvenes que abandonan la práctica clínica pocos años después de empezar.
A esto se suma otro debate que también apareció durante la charla: el de los salarios. Durante años la profesión ha arrastrado la sensación de que la responsabilidad y la exigencia del trabajo no siempre se corresponden con las condiciones económicas. Y todo esto ocurre en un sector que, paradójicamente, no ha dejado de crecer.
Un sector muy fragmentado
Uno de los temas que surgió con más claridad es la enorme fragmentación del sector veterinario en España.
Existen miles de clínicas, muchas de ellas pequeñas, que intentan sostener equipos, invertir en equipamiento y ofrecer una medicina cada vez más exigente. No siempre es fácil mantener ese equilibrio.
En ese contexto han aparecido también nuevos modelos de organización, con grupos corporativos que aportan estructuras más grandes, mayor capacidad de inversión y modelos de gestión más profesionalizados.
Para algunos profesionales esto representa una evolución lógica del sector. Para otros genera dudas sobre qué pasará con las clínicas independientes. Probablemente la realidad, como suele ocurrir, estará en algún punto intermedio.
El cliente también ha cambiado
Hay otro factor que influye mucho en el futuro de las clínicas y que a veces se menciona menos en estos debates: el cambio en el propio cliente.
Hoy el tutor de mascotas está más informado, tiene acceso a mucha información y llega a la consulta con expectativas más altas. Pero, sobre todo, el vínculo con los animales es mucho más fuerte que hace unas décadas. Para muchas personas su mascota es parte de la familia. Eso cambia también la forma de ejercer la profesión.
Responder a esas expectativas exige una medicina cada vez más rigurosa, pero también exige algo que durante mucho tiempo se ha trabajado poco en la formación veterinaria: la comunicación.
Explicar, acompañar y ayudar a tomar decisiones forma hoy parte esencial del trabajo clínico.
Y también obliga a trabajar con un nivel de rigor cada vez mayor. El aumento de la exigencia por parte de los tutores se refleja en otro fenómeno que está creciendo en el sector: el número de reclamaciones.
La figura del perito veterinario empieza a tener cada vez más presencia en casos de presunta mala praxis. Esto no significa necesariamente que se cometan más errores que antes, pero sí refleja una realidad: la sociedad exige más transparencia y más calidad en la práctica profesional.
Hoy ya no basta con hacer las cosas. En veterinaria hay que hacerlas bien, saber explicarlas y dejar constancia de por qué se toman determinadas decisiones.
Además, el acceso a la información seguirá creciendo con la aparición de herramientas basadas en inteligencia artificial. Cada vez más tutores consultarán síntomas o posibles diagnósticos antes de acudir a la clínica. Esto no sustituye al veterinario, pero sí cambia el punto de partida de muchas consultas y obliga a reforzar algo esencial: el criterio clínico y la capacidad de explicar con claridad.
Hacia dónde evoluciona la medicina veterinaria
Durante la conversación también aparecieron algunas tendencias claras sobre cómo está evolucionando la práctica clínica.
Una de ellas es el crecimiento de la medicina felina. Cada vez más clínicas desarrollan servicios específicos para gatos, entendiendo que sus necesidades médicas y su manejo requieren un enfoque diferente.
Otra tendencia evidente es el aumento de la medicina geriátrica. Los animales viven más años que hace unas décadas y eso implica nuevos retos clínicos. Cada vez veremos más pacientes con enfermedades crónicas, con necesidades de seguimiento más prolongadas y con decisiones médicas que requieren acompañar de cerca a los tutores.
Y, por supuesto, la medicina preventiva sigue siendo uno de los pilares de la práctica clínica. Vacunaciones, control de enfermedades, nutrición o seguimiento sanitario continúan siendo herramientas fundamentales para mejorar la calidad y la esperanza de vida de los animales.
En paralelo, la inteligencia artificial empieza a abrir nuevas posibilidades en diagnóstico por imagen, análisis de datos clínicos o seguimiento de pacientes. Probablemente no sustituirá al veterinario, pero sí formará parte cada vez más del día a día de la profesión.
Menos clínicas, pero más sólidas
Una de las ideas que surgieron durante la charla es que el sector podría evolucionar hacia un menor número de clínicas, pero con estructuras más sólidas.
Centros capaces de sostener equipos más amplios, invertir en tecnología, ofrecer medicina más avanzada y mejorar las condiciones profesionales de quienes trabajan en ellos.
Si eso ocurre, también podría abrirse la puerta a algo que muchos veterinarios llevan tiempo reclamando: mejores salarios y carreras profesionales más atractivas dentro de la práctica clínica.
Pero para que eso sea posible habrá que afrontar una realidad que a veces cuesta reconocer.
El sector veterinario ha crecido mucho en actividad durante los últimos años. La rentabilidad, sin embargo, no siempre ha crecido al mismo ritmo.
En este contexto también empiezan a surgir formas diferentes de ejercer la profesión. Modelos que no buscan necesariamente crecer en tamaño, sino en sentido. Propuestas que apuestan por otra relación con los tutores, por una atención más cercana o por estructuras más ligeras que permitan trabajar de otra manera.
No todas las clínicas tienen que recorrer el mismo camino. Probablemente el futuro del sector no se construya desde un único modelo, sino desde la convivencia de diferentes formas de entender la práctica veterinaria.
En estrategia empresarial se habla a veces de “océanos azules”: espacios donde no se compite solo por volumen o por precio, sino donde se crea una propuesta propia, diferenciada y con identidad. Quizá parte del reto para muchas clínicas veterinarias en los próximos años sea precisamente ese: encontrar su propio espacio y construir un modelo que tenga sentido tanto para los profesionales como para las personas que confían en ellos.
Liderazgo para una profesión que cambia
En medio de todos estos cambios hay un elemento que a menudo se menciona menos, pero que probablemente será decisivo en los próximos años: el liderazgo dentro de las clínicas veterinarias.
Dirigir equipos en un entorno clínico no es sencillo. La presión asistencial es alta, las decisiones son constantes y el componente emocional del trabajo es muy intenso.
Por eso el futuro del sector no dependerá solo de la tecnología, de la estructura empresarial o del tamaño de las clínicas. También dependerá de la capacidad de quienes las dirigen para construir equipos sanos, motivados y sostenibles en el tiempo.
Porque, al final, las clínicas veterinarias no funcionan solo gracias a la medicina que se practica en ellas. Funcionan gracias a las personas que sostienen ese trabajo cada día.
Una conversación necesaria
La mesa redonda de ayer fue valiosa precisamente por eso: porque puso encima de la mesa cuestiones que el sector empieza a ver con cada vez más claridad. La falta de veterinarios, el desgaste profesional, la evolución del cliente, la baja rentabilidad de muchas clínicas, los cambios en la organización del sector...
Ninguno de estos temas tiene una solución sencilla. Pero ignorarlos tampoco ayudará a resolverlos.
Quizá el primer paso para construir el futuro de las clínicas veterinarias sea precisamente este: hablar de la profesión con realismo. Sin dramatizar, pero también sin mirar hacia otro lado.
Porque el futuro del sector no dependerá solo de la tecnología o de los modelos empresariales.
Dependerá, sobre todo, de que las clínicas veterinarias sean capaces de cuidar a quienes las sostienen cada día. Porque si la profesión no consigue ser un buen lugar para trabajar, difícilmente podrá seguir siendo un buen lugar donde cuidar animales.

